En la realidad económica venezolana, la caída de la dinámica de crecimiento de precios del 13,1% en marzo al 10,6% en abril, es motivo de celebración.
Nuevos datos de Venezuela. Es mejor, pero no lo mejor
Banco Central de Venezuela (BCV) acaba de publicar los últimos datos, pero vale la pena mirar el espectro más amplio de la situación, ya que en una visión acumulada, solo desde el inicio de 2026, la inflación ya alcanzó un nivel del 90%.
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Esto significa que el poder adquisitivo de la moneda local se está derritiendo a un ritmo extremo. Si convertimos estos valores a una tasa anual, obtenemos un resultado de 611,86%.
Es aún un nivel que hace que cualquier planificación presupuestaria en la moneda local parezca verter agua en un balde de barro. Economistas, analistas e inversores ven estos resultados con una mezcla de admiración por la resistencia de la sociedad y terror por la escala de la erosión del capital.
Esta situación no surgió de repente, y los sucesivos gobiernos venezolanos (Nicolás Maduro, antes Chávez) han trabajado sistemáticamente en la trágica situación económica del país.
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¿El FMI cambiará la situación de Venezuela para bien?
El movimiento más interesante en el tablero político‑económico no son las propias cifras de inflación, sino la reanudación de las relaciones de Venezuela con el Fondo Monetario Internacional.
Se supone que será un game changer que abrirá Caracas al camino de la liquidez internacional en USD.
El gobierno venezolano, que actualmente opera sin el presidente formal Nicolás Maduro, secuestrado en enero a EE. UU., no pierde tiempo y ha nombrado a su representante y gobernador en el FMI Calixto Ortega, quien actualmente ocupa el cargo de vicepresidente de asuntos económicos.
Esta es una nominación de alta prioridad. Ortega debe ser la cara de la nueva y estable Venezuela, que puede hablar con el capital occidental sin rechinar los dientes ideológicamente. Para el mercado, es una señal de que el país, gobernado durante décadas por dictadores socialistas, desesperadamente necesita ayuda en forma de financiamiento externo y la eliminación de parte de las restricciones que actualmente asfixian la industria local, el sector tecnológico y la economía en sí.
Vale la pena añadir que la situación económica de Venezuela es tan mala que en los últimos años se ha decidido emigrar incluso de 7,7 a 7,9 millones de ciudadanos de este país.
Los que se quedaron se las arreglan de diversas maneras, desde ganar en oro virtual del juego MMO World of Warcraft, hasta recibir transferencias en Bitcoin o USDT de familiares que emigraron al extranjero.
La situación del ciudadano promedio venezolano es muy dura, por lo que el retorno al FMI puede significar que el gobierno ya no ve otra salida de esta situación estancada, considerando que desde enero se sienten el aliento de la armada estadounidense, que pudo capturar al presidente Maduro literalmente de noche desde su cama.
Si bien teóricamente Venezuela es un país rico en reservas de petróleo y debería ser la segunda Arabia Saudita, los gobiernos incompetentes han drenado los recursos naturales durante años y no han desarrollado la economía, basando todo en el petróleo.
Para los países desarrollados, Venezuela puede ser una advertencia tangible de lo que sucede cuando la inflación se escapa claramente del control.
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Fuente: Reuters.