El BCE permanece en modo wait and see. La inflación aumenta debido a la energía más cara, y al mismo tiempo la economía se ralentiza claramente. Como importador de materias primas, Europa siente especialmente el choque actual, lo que se refleja, entre otros, en los datos PMI más débiles.
Esto coloca al banco central en una posición difícil. Por un lado, la inflación creciente y la falta de acción aumentan el riesgo de desanclaje de las expectativas inflacionarias; por otro, los aumentos de tasas debilitarían aún más una economía ya ralentizándose. Sin embargo, vale la pena señalar que una economía más débil y una demanda más baja a largo plazo tendrán efectos deflacionarios.
Por ahora no se observan efectos fuertes de la segunda ronda. La presión de costos aumenta, pero no se traduce ampliamente en precios de servicios y salarios, y las expectativas inflacionarias a largo plazo permanecen estables. Eso da tiempo al BCE.
Al mismo tiempo, todavía no tenemos una resolución de la situación en Irán, lo que significa que los precios del petróleo siguen en tendencia al alza. Si esa tendencia se mantiene, el BCE podría verse obligado a subir las tasas de interés ya en junio, comentaron analistas de la plataforma de inversión Port.

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