Los inversores, economistas y analistas normalmente no incluyen tales eventos en sus modelos. No asumen que algo así pueda ocurrir justo ahora, a esa escala y con esas consecuencias. Sin embargo, después del hecho, todos intentan explicarlo y a menudo llegan a la conclusión de que “pues era obvio”. Estos eventos los llamamos cisnes negros.
¿Qué son los cisnes negros?
El concepto de cisne negro fue popularizado por Nassim Nicholas Taleb, matemático, estadístico, inversor y autor del libro “The Black Swan”. Taleb definió al cisne negro como un evento que reúne tres características.
En primer lugar, es una desviación impredecible de las expectativas habituales. En otras palabras, la mayoría de la gente no lo toma en serio antes o simplemente no lo supone. En segundo lugar, tiene un gran impacto en la realidad. Puede cambiar la economía, los mercados financieros, la política, la tecnología o la vida cotidiana de millones de personas. En tercer lugar, después del hecho parece obvio. Cuando ocurre, comienzan a surgir explicaciones de por qué “tiene que haber pasado”.
Taleb enfatiza que tales eventos moldean la historia, la economía y la vida social más de lo que los economistas o analistas admitirían. El problema es que el mundo no siempre avanza linealmente y según las previsiones. A veces un solo evento basta para cambiar toda la imagen de la realidad.
Ejemplos de cisnes negros
Un ejemplo de cisne negro puede ser el estallido de la Primera Guerra Mundial. Hoy podemos señalar muchas causas de ese conflicto, pero la magnitud de la catástrofe fue un gran shock para el mundo de entonces. Europa estaba fuertemente interconectada económicamente, y muchos observadores no suponían una guerra de tal escala y consecuencias.
Otro ejemplo frecuentemente citado es el ataque del 11 de septiembre de 2001. Para los mercados financieros, la política de seguridad, la aviación y las relaciones internacionales fue un shock cuyos efectos sentimos hasta hoy.
Desde la perspectiva de los inversores, otro buen ejemplo es el Black Monday, es decir, el 19 de octubre de 1987. Ese día el índice Dow Jones cayó más del 22% en un día. Fue la mayor caída porcentual de un solo día del Dow Jones Industrial Average en la historia. Black Monday mostró que a veces años de riesgo pueden materializarse en cuestión de horas.
Un cisne negro no tiene por qué ser negativo. Puede ser una catástrofe, pero también puede ser un avance que crea un gran valor de repente.
Un buen ejemplo positivo es el Internet. Desde la perspectiva actual su importancia parece obvia, pero antes del hecho era difícil predecir que una sola tecnología cambiaría el comercio, los medios, la banca, la comunicación, la publicidad, la política y la forma de trabajo de miles de millones de personas.
Lo mismo ocurrió con el ordenador personal. Hoy suena banal, pero durante mucho tiempo no era obvio que el ordenador llegaría a los hogares, a los escritorios, a las escuelas y, finalmente, a los bolsillos de los usuarios en forma de smartphone.
¿De dónde viene este término?
La metáfora del cisne negro tiene raíces mucho más antiguas que los mercados de capital. Durante siglos en Europa se creía que todos los cisnes eran blancos. El cambio ocurrió en 1697, cuando el explorador holandés Willem de Vlamingh se encontró con cisnes negros en Australia. Una sola observación fue suficiente para refutar la creencia previa.
Taleb transformó la historia del pájaro en una historia sobre las limitaciones del razonamiento humano. El hecho de que algo nunca haya ocurrido antes no significa que no ocurrirá en el futuro. A veces basta con un nuevo fenómeno para sacudir un sistema aparentemente estable.
¿Se pueden predecir los cisnes negros?
Si se sigue la definición de Taleb, la respuesta es no. Un verdadero cisne negro no se puede predecir. Si se pudiera incluir en un modelo, valorar y considerar ampliamente en las previsiones, no sería un cisne negro.
Esto no significa que el inversor esté completamente impotente. No podemos predecir un cisne negro concreto, pero sí la fragilidad del sistema en cierta medida. No sabemos cuál será el detonante del próximo crisis. Puede ser el colapso de una gran institución financiera, una falla de infraestructura, un avance tecnológico, un ciberataque, un conflicto geopolítico o un cambio regulatorio repentino.
Sin embargo, podemos notar que el sistema es vulnerable a choques. Esta vulnerabilidad se incrementa entre otras cosas por el alto endeudamiento, la concentración excesiva, el apalancamiento financiero elevado, la falta de liquidez o la dependencia de un solo mercado, sector o proveedor.
Una cosa es segura. Hoy no sabemos cuál será el próximo detonante de una crisis o una caída en los mercados. Después del hecho, muchas personas pueden sentir que todo fue obvio. Aparecerán análisis, comentarios y datos que demuestren que “tiene que haber pasado”. Y esa racionalización posterior es una de las características clave del cisne negro.
Un buen ejemplo es la pandemia de COVID-19, que muchos consideraron un cisne negro, aunque Taleb sostenía que el riesgo de una pandemia global era conocido y se podía prever. La pregunta es si él mismo se metió un poco en sus propias trampas, pues después del hecho afirmó que el evento era predecible.
¿Cómo prepararse para la aparición de cisnes negros?
Vale la pena comenzar con la idea de que no nos preparamos para un evento concreto. Nos preparamos más bien para choques desconocidos que inevitablemente ocurrirán. Por eso vale la pena construir la cartera de manera que un solo evento no destruya todo el plan financiero.
El primer elemento es la preparación mental. Uno de los mayores enemigos del inversor son sus propias emociones y decisiones impulsivas tomadas bajo pánico o euforia. Es útil ser consciente de que los mercados financieros son volátiles y que de vez en cuando ocurren caídas mayores. Si mentalmente estamos listos para que nuestra cartera pueda caer un 20-30% o incluso más, será más fácil sobrevivir a ese período sin decisiones precipitadas.
También ayuda contar con un plan de acción preparado. Por ejemplo, el inversor puede asumir de antemano que si el mercado cae más del 20%, no venderá activos, sino que mantendrá la estrategia o incluso aumentará la participación en acciones. Para un inversor a largo plazo, las caídas profundas pueden ser una oportunidad, aunque en la práctica comprar en pánico nunca es fácil. En esos momentos debemos actuar de manera contraria porque el mercado está lleno de miedo y los medios financieros hablan de colapso, recesión y fin del mundo.
Vale recordar que el mercado de valores estadounidense, si miramos la historia del índice S&P 500, se recuperó de cada crisis, aunque en el camino los inversores tuvieron que enfrentar caídas profundas.

Otro aspecto importante es la diversificación de la cartera de inversión, es decir, distribuir el riesgo entre diferentes clases de activos, regiones, monedas y sectores. Si toda la cartera está concentrada en un solo mercado o sector, por ejemplo la tecnología, un cisne negro que golpee ese ámbito puede afectar especialmente fuertemente los resultados del inversor.
También es útil invertir regularmente. Esto alivia la presión del inversor por elegir el momento perfecto de entrada al mercado. Esperar caídas parece intuitivamente atractivo, pero en la práctica intentar sentir el mercado es extremadamente difícil. Al comprar regularmente, tanto en subidas como en bajadas, promediamos el precio de compra y los vaivenes a corto plazo son más fáciles de soportar.
La reserva de seguridad financiera también es muy importante. La falta de ella puede hacer que, ante un cisne negro negativo, el inversor se vea obligado a vender acciones en el peor momento posible, es decir, después de fuertes rebajas. La reserva de seguridad brinda tiempo, tranquilidad y mayor libertad de acción.
Otro elemento es el rebalancing. La restauración regular de las proporciones objetivo de la cartera ayuda a evitar la situación en la que, después de varios años de rally, la cartera se vuelve mucho más riesgosa de lo que el inversor originalmente planeó. El rebalancing no elimina el riesgo de inversión, pero ayuda a mantenerlo en el nivel acordado con el plan.
Estas son las reglas que seguimos en Portu. En Portu permitimos invertir en carteras adaptadas al perfil del inversor, construidas con ETFs y que abarcan miles de acciones y bonos de diferentes partes del mundo. Este enfoque no protege contra cisnes negros, pero ayuda a evitar la situación en la que todo el rendimiento de la inversión depende de una sola empresa, un solo sector o un solo escenario de mercado.
Resumen
Los cisnes negros han sido, son y serán parte de los mercados financieros. No se puede predecir cuándo aparecerán ni cuál será su carácter, pero se puede prepararse mental y financieramente. La clave es no asumir solo un escenario y no construir la cartera de manera que todo el rendimiento dependa de una sola empresa, sector o mercado.
Por eso la diversificación, la inversión regular y seguir el plan incluso cuando el mercado entra en pánico son tan importantes. Para los inversores que quieren construir esa cartera de forma sencilla, la solución puede ser la plataforma de inversión Portu, donde todo el proceso de inversión se puede automatizar por completo – desde la selección de la cartera hasta la inversión regular y el rebalancing.