La crisis energética ha tenido un impacto de primer orden en el esfuerzo que deben hacer los hogares españoles para pagar sus facturas energéticas. Para cuantificarlo, hemos examinado, de forma totalmente anonimizada, los ingresos laborales (es decir, las nóminas y los subsidios de paro) y los recibos domiciliados de la luz y el gas registrados en las cuentas bancarias de CaixaBank. Al disponer de ambas informaciones para un mismo hogar, podemos estimar qué porcentaje de los ingresos se destinaron al gasto en luz y gas, y también cuál fue el esfuerzo realizado en función del nivel de ingresos.

Gráfico con los datos de distribución por deciles del gasto de luz y gas
Evidentemente, en 2022 todos los hogares tuvieron que destinar un mayor porcentaje de sus ingresos a pagar las facturas de la luz y el gas en comparación con el año anterior, tal y como se recoge en el primer gráfico. Un hogar con ingresos medianos dedicó el 4,7% de sus ingresos laborales para pagar los recibos de luz y gas, lo que supuso un incremento de 0,4 p. p. con respecto al año anterior.

Gráfico con los datos de España y la evolución mensual del gasto energético
Los que tenían menores ingresos tuvieron que destinar una mayor proporción de la renta a pagar las facturas de luz y gas que aquellos con ingresos más elevados
Sin embargo, el esfuerzo adicional para pagar el consumo energético no fue el mismo para todos los hogares: los que tenían menores ingresos tuvieron que destinar una mayor proporción de la renta a pagar las facturas de luz y gas que aquellos con ingresos más elevados. Concretamente, los hogares con ingresos bajos (percentil 20) destinaron a tal efecto el 8,1% de sus ingresos (+0,7 p. p. más que en 2021), mientras que los de ingresos altos (percentil 80) destinaron un 3,2% (+0,3 p. p. más que en 2021). Este esfuerzo adicional hubiera sido aún mayor sin las medidas de apoyo contra la crisis energética, que han beneficiado a todos los hogares, pero especialmente a las rentas más bajas.
El gasto en energía fue sustancialmente mayor en 2022 que en 2021 en dos momentos concretos del año: en marzo y abril, justo después del estallido de la guerra en Ucrania, y entre agosto y octubre
Esto supuso una anomalía en el patrón habitual de gasto de los hogares, puesto que los recibos de importe más elevado suelen pagarse en enero y febrero (los meses más fríos), y los más bajos, en octubre y noviembre (véase el segundo gráfico).