¡Estamos en una economía de guerra! La economía se muestra resiliente y Europa nos permite hacer una política que limitará daños pero, ¿cuánto durará? Tendremos que pagar un precio por ello

Y, sin embargo, la economía se muestra resiliente y Europa nos permite hacer una política que limitará daños. Por un lado, los datos de empleo y gasto que conocemos hasta finales del mes pasado apuntan a que el crecimiento se mantiene elevado en el primer trimestre (entre el 1,5 y 2% t/t), y esto a pesar del incremento en los contagios y de la incertidumbre sobre el conflicto.
Por otro lado, el continente se prepara ahora para gastar más en defensa, en recibir a los refugiados y en tratar de aliviar la factura de la luz, lo que actuará como estabilizador de la actividad. Si esto no fuera suficiente, es posible que se relajen las reglas fiscales hasta el 2023, y hay que recordar que el Gobierno todavía puede recurrir a 70.000 millones de euros en préstamos, en condiciones favorables, dentro del programa NGEU.
La guerra de Ucrania pasará a la historia como el inicio de la desdolarización mundial. Turquía (país de la OTAN) y Rusia acuerdan la compraventa de gas ruso en rublos. pic.twitter.com/cD3sM7ZLwr
— Aníbal Garzón (@AnibalGarzon) August 6, 2022
Respecto a este último, la ejecución de las transferencias podría acelerarse en los próximos meses, mientras que el sector privado ha ganado en certidumbre con la reforma laboral. Finalmente, el coste de financiación se mantiene bajo, incluso cuando en otros países la prima de riesgo se dispara.
En definitiva, estamos en una economía de guerra, aunque afortunadamente no en la guerra misma. Aunque las consecuencias económicas del conflicto no vayan a más, tendremos que pagar un precio por ello. En todo caso, parece que se cuenta con los instrumentos y la voluntad adecuada para compensar a los más afectados por la crisis.
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