La economía de la eurozona evitó, por la mínima, un descenso del PIB en el 4T 2022, y los primeros indicadores de 2023 invitan a pensar que el 1T 2023 será mejor de lo previsto. Buena parte de esta evolución se debe a unas reservas de gas que alcanzaban casi el 100% antes del invierno, que, además, fue más suave de lo habitual.

Gráfico con los datos de la Eurozona
Una vez superado el periodo energético más delicado en el hemisferio norte, los niveles de reservas siguen por encima de la media de otros años para estas fechas
Sin embargo, este esfuerzo para «llenar los tanques» ha supuesto una elevada factura a pagar por el gas, cuyo precio marcó máximos en verano (casi 340 €/MWh), periodo en el que Europa concentra las compras de este recurso para el invierno. Este elevado coste de la energía deterioró los términos de intercambio1 y afectó negativamente a la evolución de los saldos comerciales, sobre todo, en verano.
En consecuencia, en el conjunto de 2022, la balanza comercial de bienes de la eurozona registró un déficit de unos 60.000 millones de euros (–0,5% del PIB vs. +2,3% en 2021), resultado que se debe totalmente a la ampliación del déficit de la balanza de energía, que se duplicó en 2022 (superó los 500.000 millones de euros, casi un 4,5% del PIB).
Este deterioro de la balanza de bienes hizo que la balanza por cuenta corriente incurriera en un déficit del 0,8% del PIB en el conjunto de 2022, después de casi una década ininterrumpida en positivo (2,3% del PIB, en media desde 2012)
Desde una perspectiva de ahorro-inversión,2 este ajuste se ha producido, principalmente, por una reactivación de la inversión (26% vs. 24% del PIB), en un contexto de ahorro bruto en ligero descenso, aunque todavía en niveles elevados (25% vs. 26,4% del PIB). Este comportamiento de los flujos por cuenta corriente se replica en las cuatro grandes economías europeas, aunque con matices. De hecho, Alemania e Italia, las más expuestas al gas ruso y, por tanto, al encarecimiento del gas y de la energía, mostraron el deterioro más acusado. En el otro extremo, destaca la resistencia de España, be - neficiada por la notable reactivación del turismo internacional, un invierno más cálido de lo habitual y la posibilidad de reexportar energía, gracias a su elevada capacidad de refino.