Esta semana le hemos preguntado a los expertos de Inversión Madrid por los datos del IPC, es decir; los datos de la inflación en la Eurozona. Esta es la respuesta que hemos recibido:
El dato de inflación en la eurozona se moderó en marzo al 6,9%, desde el 8,5% de febrero, debido principalmente a la caída de los precios de la energía, que refleja el efecto base del fuerte encarecimiento del año pasado por la invasión rusa de Ucrania y las sanciones a Rusia. Esta invasión ha provocado una escalada de tensión geopolítica y una amenaza para el suministro de gas natural a Europa, lo que podría volver a disparar los precios energéticos en los próximos meses.
Sin embargo, la inflación subyacente, que excluye el efecto de la energía y los alimentos, subió al 5,7%, su nivel más alto de la serie histórica
Esto indica que hay presiones inflacionistas persistentes por otros factores, como los cuellos de botella en las cadenas de suministro, la escasez de mano de obra o el aumento de los salarios. Estos factores se ven agravados por la sequía que sufre España y otros países europeos, que afecta negativamente a la producción agrícola y ganadera y encarece los precios de los alimentos.
Desde Inversión Madrid, creemos que la inflación en la eurozona seguirá siendo elevada en los próximos meses, aunque con una tendencia descendente, ya que el efecto base de la energía se irá diluyendo y se espera que algunos de los factores transitorios se vayan resolviendo. No obstante, hay riesgos al alza que podrían mantener la inflación por encima del objetivo del BCE (2%) durante más tiempo del previsto, como una mayor demanda interna impulsada por el fondo de recuperación europeo o una mayor subida de los precios del petróleo por tensiones geopolíticas.
La inflación elevada afecta negativamente a la economía doméstica de las familias, ya que reduce su poder adquisitivo y erosiona sus ahorros. Esto puede tener un impacto negativo en el consumo y la inversión privados, que son motores clave del crecimiento económico. Además, la inflación elevada puede generar expectativas de más inflación en el futuro, lo que puede provocar una espiral inflacionista si se traslada a los salarios y los precios.
Para evitar este escenario, el BCE tiene que estar atento a la evolución de la inflación y actuar con prudencia y proporcionalidad. El BCE ha mantenido una postura acomodaticia de su política monetaria, con tipos de interés bajos y compras masivas de activos, para apoyar la recuperación económica tras la crisis del COVID-19. Sin embargo, si la inflación se mantiene persistentemente alta y desancla las expectativas, el BCE tendrá que retirar gradualmente estos estímulos y endurecer su política monetaria para cumplir con su mandato de estabilidad de precios.
Las familias pueden protegerse de la inflación adoptando medidas como diversificar sus fuentes de ingresos, ahorrar e invertir en activos que ofrezcan una rentabilidad superior a la inflación, reducir sus gastos fijos o innecesarios y buscar alternativas más baratas o eficientes para satisfacer sus necesidades
Como conclusión, se puede decir que el precio de los alimentos en Europa está sujeto a una gran volatilidad y depende de muchos factores, tanto internos como externos. La guerra de Ucrania y la sequía en España son dos ejemplos de factores que pueden afectar negativamente a la oferta y la demanda de alimentos y provocar subidas de precios. A medio plazo, se espera que la inflación de los alimentos se modere conforme se resuelvan algunos de los problemas coyunturales que la han impulsado, pero también se prevé que haya desafíos estructurales, como el cambio climático, la presión demográfica o la competencia global, que requerirán una mayor adaptación y resiliencia del sector agroalimentario europeo.