Un mayor apalancamiento supone sobre todo mayores oportunidades, gracias a las cuales podemos optimizar nuestro resultado económico. Esto significa que una gran parte de los fondos puede estar esperando en una cuenta que genera intereses en el banco, y sólo el mínimo necesario para operar en el mercado se ingresa en la cuenta de inversión.
El apalancamiento financiero también permite abrir un mayor número de posiciones o llevar a cabo transacciones con un volumen mayor que si se tuviera una cuenta sin apalancamiento o con un valor más bajo del mismo. Para las personas que utilizan estrategias agresivas que hacen uso del posicionamiento piramidal (inicio de transacciones nuevas en el mismo instrumento y en la misma dirección) o de cobertura (en inglés hedging) en diferentes instrumentos, el apalancamiento es extremadamente importante y se convierte en la base del mercado.
El control de riesgos siempre está en manos del inversor. Al tener un apalancamiento en la cuenta de inversión de, por ejemplo, 1:500, nadie nos obliga a usarlo en su totalidad. Somos nosotros quienes decidimos el tipo de transacción, el volumen de la misma y la hora de entrada y salida del mercado. Así que recomendamos que se reflexione con anterioridad si lo arriesgado es el apalancamiento o más bien las decisiones mal tomadas.
Las personas que comienzan su aventura en los mercados con apalancamiento al principio no comprenden el mecanismo de apalancamiento, por lo tanto, no siempre saben usarlo. Un apalancamiento más bajo o la falta de apalancamiento puede ser un tipo de freno que de alguna manera limitará al inversor a la hora de tomar decisiones arriesgadas. Para tener más práctica y experiencia existen las llamadas cuentas de demostración con fondos virtuales, que pueden llegar a la bancarrota varias veces, lo que las convierte en un buen utensilio para aprender a usar el apalancamiento financiero. También es una forma de adquirir disciplina y consecuencia en aferrarse a unas reglas previamente establecidas con respecto al uso del capital.