Determinadas agencias calificadoras de riesgo crediticio provocan lecturas extremas; veamos si se puede diseñar un escenario más ponderado.
La generalidad de firmas que brindan una nota a las emisiones de deuda soberana o corporativa actúan en ocasiones como aquellos suegros que sin que nadie se los haya solicitado deciden qué deben comer sus nietos, cómo vestirse y -yendo más allá- a qué colegio deben ir o hasta qué carrera universitaria deben atender los bebitos.
No obstante y a propósito de las agencias calificadoras, los agentes económicos y hasta autoridades económicas y monetarias así como autoridades reguladoras de una economía soberana aceptan de “buen grado” –es un decir- sus calificaciones.
NATURALEZA
Las agencias calificadoras de riesgo son compañías que colocan una ponderación a las emisiones y a la calidad crediticia de estas, sean de un Gobierno o de una multinacional o corporación que liste sus emisiones –por ejemplo- en un mercado bursátil. Son una suerte de policía en los mercados de capitales que te señalan con quién juntarse y con quién no; quién puede pagar, y quién no.
¿Sus notas? en muchos casos se trata de un sistema enrevesado [¿y “arbitrario” debemos decir?] de letras y números, donde –en concreto- más letras y signos, mejor; menos caracteres y signos, de feo a malo.
Este híbrido entre inoportunos suegros y policía sí que metieron la pata hace más de una década, colocando -por ejemplo- nota sobresaliente a entidades bancarias de los Estados Unidos cuyas carteras –a propósito de la crisis sistémica financiera global del año 2008 y 2009- escondían una bochornosa calidad crediticia “subprime”.
No hubo una potente sanción por parte de la opinión pública. La Security Exchange Comission [SEC] no sancionó a todas las calificadoras y el Sistema de la Reserva Federal [FED] no tocó el asunto; y la prensa económica y financiera estadounidense y global, tampoco. El lobby “gran hermano” de los pasillos de Washington apagó cualquier intento de rebeldía.
A LA “DEFENSA” DE LAS CALIFICADORAS
Cuando un economista lee los “paper” o reportes de alguna de estas agencias –sean cual sea la compañía- cae en cuenta de un patrón: crítica al entorno político y social, crítica al componente desde la economía real [empleo, demanda], y crítica al tramo monetario; y de nuevo, entorno social, algunos indicadores sociales o de gobernabilidad, más política y cierre.
El escenario es complicado pues no se tiene clara la metodología usada por parte de ciertas agencias para definir sus alcances y notas; y es que en ello destaca -además de una ausencia de pasos metodológicos de análisis- un tufillo de ad ignorantiam: pues “debemos creerles”. A falta de que no haya quien las refute, “debemos creerles”.
Sin embargo, no todo es complejo en este entorno; o no todo es “maligno” o colgado a “conspiraciones” pues hay que reconocer que las agencias calificadoras de riesgo crediticio –pese a su halo de “suegros entrometidos”- no siempre señalan trayectorias forzadas en torno a la economía o política de una nación o empresa privada; y más bien dan en el clavo.
Un caso reciente es el Perú.
EL PERÚ “POLÍTICO” Y “ECONÓMICO”
En lo corrido de este 2021, las firmas de calificación [o clasificación] han jugado un rol mixto: por un lado, extendieron la narrativa de un sector político [de derechas] y gremial empresarial que desde un inició se ubicaron en contra de un Gobierno de izquierdas del actual presidente Pedro Castillo Terrones [52]; y por el otro, sí advirtieron de los verdaderos puntos de presión del hábitat macroeconómico y político de esta economía andina.
La lectura transversal en torno a la política se saluda en el análisis [pese a su austeridad metodológica], pues estas firmas efectivamente señalaron las marchas y contramarchas de Castillo a propósito de los cuadros técnicos ministeriales muchos de estos poco capacitados o con un pasado opaco que –pese a la democracia del Perú- al menos y en ese momento [pre y post electoral] no ayudó y más bien fue “rentabilizado” por las derechas.
Con un dólar que se movía en una horquilla para las 52 últimas semanas entre US$ 3,5635 unidades por divisa estadounidense a US$ 4,1448 unidades por divisa estadounidense como techo, las agencias colocaron la pica en Flandes.
Y advirtieron de este ecosistema político desordenado donde la curva de aprendizaje del presidente Castillo registró muchos obstáculos: entre ellos, los de un ala radical que prácticamente marcó “la agenda” del Ejecutivo desde antes de la asunción de mando que decantaron en cuadros técnicos ministeriales no institucionales, y menos aún con vocación republicana o democrática.
Este escenario, dicen ellas, presionó -junto a bancos, fondos y firmas gestoras de activos o el llamado “”- un cruce sol versus dólar [USD/PEN] a la par con un entorno global alcista [donde se ubicó también una inflación por costos o “importada”] en dicho tipo de cambio. Punto para ellas.
“RESPONSABLES”
El 2021 significó el “año” donde la nota crediticia de determinadas emisiones en moneda local o extranjera sufrió un menoscabo. ¿Es este el fin del mundo? Veamos.
Desde los análisis de estas compañías la lentitud para generar mayores espacios desde la economía real que decanten en una dinámica de empleo, demanda y consumo agregados más a tono con la reactivación económica internacional es “tarea pendiente” –dicen ellas- del actual titular del Ministerio de Economía y Finanzas [MEF] Pedro Francke; pero no ubican a este economista, docente, académico e investigador como el responsable.
Francke –sale limpio e inmaculado en los reportes- y “hace las cosas bien”, dicen estos; el mensaje final a propósito de la economía real de estas firmas es que es lo “global”, es lo “estructural” [cuatro quintos de informalidad y asimetrías de los mercados no es poco] y es lo “político” lo que genera ruido y pone trabas.
Otra dimensión saludable de las calificadoras de riesgo que en la mayor parte de sus paper o reportes la referencia al actual Gobierno [que lleva menos de cien días a la fecha] es soslayada por una horquilla de gestiones pasadas que –indican las calificadoras- han “deteriorado la caja fiscal” desde el año 2013 hasta el año de la pandemia y recesión atípica 2020 y elevado el ratio deuda versus PBI real de alrededor de 27% [2019] a más de 34% en la actualidad.
Del presidente Castillo y de su supuesto “castro chavismo comunismo Foro de Sao Paulo”, nada, mutis; y es lo correcto.
La zona auspiciosa o en terreno positivo de las calificadoras es la mención –recurrente en sus textos- de un “mejor entorno de la [atrasada] recaudación fiscal” para los próximos años. Donde el ciclo de precios de –por ejemplo- el cobre con más de US$ 4,5 la libra [el contrato] provocará que alrededor de US$ 56 000 millones en proyectos mineros según la autoridad minera local y el Banco Central de Reserva [BCR] -muchos de ellos cupríferos- para los siguientes ocho años, descansen en estas cotizaciones.
Sólo entre este 2021 y 2025, proyectos como Quellavecho digital, Toromocho, Cerro Corona, Mina Justa, Michiquillay, San Gabriel, Corani pueden atar de alrededor de US$ 6 500 millones dicen las autoridades económicas del Perú.
Estas compañías de riesgo saludan la regla fiscal como mecanismo que puede favorecer una media de 3,4% de déficit para los años 2022 y quizás 2023 y 2024: uno de los mejores de América Latina. Punto para Francke.
Se saluda desde su análisis “misterioso” –en simultáneo y con la independencia que merece el BCR- la estabilidad monetaria que permite, por ejemplo, contar como respaldo en el mercado de dinero alrededor de US$ 76,1 mil millones en reservas internacionales netas [RIN] y un dato rayano con los US$ 60 mil millones en posición de cambio. Punto indirecto para Francke: distinguido estratega para para la permanencia del gobernador del central andino, Julio Velarde.
Sin embargo, las firmas alertan del gasto público que no tiene un correlato en la formulación y estímulo de la actividad privada; les estresa el gasto sanitario y de infraestructura tras la COVID 19 y la consabida deuda y la generación de empleo formal no precario.
CONCLUSIONES
Desde luego al Perú, la quinta economía más grande de la región, le ajustaron [bajaron] las calificaciones a sus emisiones de deuda; y desde luego tomar deuda peruana será “más caro” para el trading global de bonos. Pero tampoco –y es deber decirlo- no nos coloca en un puesto de “economías tóxicas y densas”, y uno puede advertirle a los mercados globales de renta fija pese a la rebaja: “¡Oigan, no somos Argentina!”.
¿Y la elevación del costo de la deuda del Perú? Los mercados globales de renta fija son esencialmente “tomadores de riesgo”, sobre todo si son papeles de deuda o bonos soberanos. No debería mover la aguja del trading de bonos el hecho de un ajuste para abajo en la nota crediticia. De nuevo, “¡no somos Argentina!”.
Sucede que y a este respecto, la “prensa” o subprensa económica local y mucho economista gestor se comporta como aquel alumno aplicado [“chancón” se decía] que ingresa en un ciclo de ansiedad porque tras haber tenido todo el semestre 19 sobre 20 de promedio, ahora tiene 17.
Lo dicho, calificadoras de riesgo crediticio: aquellos suegros antipáticos cuyo resultado al final es mixto porque dicen la verdad y a la vez son entrometidos; no sabemos cómo, pero la dicen pero sin que nadie se la haya pedido. Amor y odio.
FIN